Registra, diplomático, el apartamento
desvaído, ocioso, de su garganta emana un lamento
que purifica, como el santo sacramento,
que lesiona, como a un frágil ligamento.
Temeroso de mojarse los pies en el presente
nada plácido en la orilla de sus recuerdos,
jugando a marco polo con sombras,
apenas percibe el susurrar del viento.
Mas cuando una ola traicionera lo derriba,
y a su psique desecha llegan los restos
del naufragio espantoso en que se ha sumergido,
su mente aterida se da cuenta,
que una vez más la batalla ha perdido.
Y una vez más registra, diplomático, el apartamento,
buscando el zapato derecho, el perdido,
y se zambulle presuroso en la calle,
temiendo ser alcanzado, maltrecho,
otra vez por la gran ola, el olvido.
me gustó mucho eso
ResponderEliminarceleste...
Muchas gracias Celeste!! Espero verte pronto nuevamente por estos lares!
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