martes, 16 de junio de 2009

Memorias de un Alfiler Mellado V

V

Una vez más, trato de recordar cómo se había iniciado aquel pasatiempo (concurrir al cementerio), mas el esfuerzo es en vano. Hoy, reciclando la vieja Singer, pretendiendo transformarla en un mueble contemporáneo, encuentro aquel viejo alfiler mellado Intento hacerlo girar entre mis dedos como solía hacerlo antaño, pero mis manos actuales desbaratan el castillo y muestran sus trampas ocultas cual prestidigitador barato. Lo sopeso, pasándolo lenta pero meticulosamente de palma en palma.Su familiar tacto me retrotrae indefectiblemente a mi niñez, a esas tardes tibias y dulces como la leche con miel preparada por aquella anciana voluntariosa que me cuidaba. Observo el alfiler con atención, intentando captar cualquier ínfimo detalle que hubiese pasado por alto: su parte metálica se veía ligeramente herrumbrada, pero todavía se mantenía erecta, un pequeño mástil aguardando una bandera para ondear. En la cabeza del alfiler es en donde repetidamente poso mis ojos, la melladura atrae mi atención como una hoja en blanco a una pluma repleta de tinta.La bolilla semeja una manzana mordisqueada por un niño ansioso. En mi cabeza rebota un pensamiento que horas más tarde ha de tomar consistencia, y del cual brotan dudas sugerentes: nunca había tenido una remera roja; jamás hubiese adquirido un auto colorado; ni por asomo volví a ver a ninguna mujer que en su primera cita conmigo se hubiera presentado vestida de rojo...¿El suceso de aquella tarde perdida en el tiempo había generado en mí una inconsciente aversión hacia este color? Era muy probable. Acerco mis manos entrelazadas a mi cabeza y coloco la oreja entre los pulgares, como si quisiese escuchar el mar, tal cual me había enseñado de niño mi padre. Presto atención. Nada. Solo un pitido agudo proveniente de la casa vecina, entre mis manos, solo el silencio absoluto. "También....¿Qué pretendía escuchar? ¿La Sinfónica de Londres?" pienso y río para mí, sarcástico, aunque también aliviado en cierta medida de no haber oído sonido alguno. De algún modo también me siento decepcionado, así que decido hacer un último intento. Respiro profundo, ahueco una vez más las manos sobre el alfiler y comienzo a sacudirlo entre las palmas, concentrándome profundo en tratar de aprehender aquel suceso lejano, como quien se prepara para arrojar las monedas del I Ching en busca de una imagen reveladora. Luego de agitarlo un buen rato, decido que ya es suficiente: acerco una vez más las manos a mi oreja derecha, y me dispongo a escuchar la nada absoluta nuevamente...es entonces cuando sucede lo impensado (aunque en algún lugar muy profundo dentro mío, hay un niño que asiente como diciendo "sí vos sabías......"), primero un sutil ardor que comienzo a sentir en la palma, un pequeño estremecimiento de los nervios, que brota del pequeño nido que forman mis manos entrelazadas y comienza a propagarse raudo por el resto del cuerpo; mis oídos captan, primero casi imperceptible, luego in crescendo, un murmullo de palabras arremolinadas, una ligera brisa que de golpe se transforma en vendaval, y me arroja al oído dos palabras…..”ESTAS VIVO”……solo dos palabras, que penetran en mi mente y destellan como un volcán en erupción, solo dos palabras en un crepitante susurro que parecen increpar a mi vitalidad, enrostrándole su vigor…

No me percato de tener los ojos firmemente cerrados hasta que concluye aquella pequeña tormenta…cuando los abro, noto dos cosas que me sobresaltan: por un lado, me encuentro casi en el patio de la casa y está atardeciendo, cuando al comenzar aquel fenómeno a escala estaba trabajando en la habitación principal de la casa y el sol brillaba alto en el cielo (Por Dios….¿Cómo podía haber sucedido aquello?) ; por otro lado, noto que de mis manos caen pequeñas gotas de sangre…Siento temor de abrirlas. “Que ridículo”, me digo, tratando de sonreír, sin lograrlo. Me siento, inspiro profundamente y desenlazo los dedos, predispuesto a descubrir cualquier cosa en mis palmas……No hay nada en ellas. Las contemplo absorto. Las gotas se secan lentamente, no obstante no logro descubrir de donde es que ha manado la sangre, no hay en ellas ningún corte….ni tampoco ningún alfiler. Busco afanosamente en los alrededores, voy una y otra vez por el trayecto recorrido sin conciencia aparente, obsesionado con encontrar aquella diminuta prueba del sismo acontecido en mi existencia...mas es inútil. No volveré a ver aquel alfiler en mi vida. Sin embargo, en la palma de mi mano vuelve a aparecer, como una cicatriz mal curada, la marca que alguna vez tuve de niño. Insoslayable, me acompañará por el resto de mis días…y cada vez que la desazón me envuelva, o que la desesperanza me agobie por algún motivo, la contemplaré durante un rato…..y ese “estás vivo” volverá a retumbar en mis sienes, pronunciado por una voz sin edad y sin tono, como un recordatorio de que a veces la vida se encuentra presente aún en las cosas más minúsculas, quizás hasta en un insignificante alfiler mellado…


3 comentarios:

  1. Debo corregirlo Dax Mak, muy a mi pesar, y decirle que no "a veces" la vida se encuentra en las cosas más minúsculas, sino siempre!!!!
    De ahi se desprende que este simple relato, pasajero para alguno que lo lea, impresionante, para otros como para mi; e independientemente de lo que provoque en otros muchos; este "relato es para usted,su alfiler que le recuerda, mas de lo que usted quisiera, que ESTA VIVO.
    aurora

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  2. NO PUEDO ESPERAR MENOS DE VOS!!!AMIGO TE FELICITO Y SEGUÍ ESCRIBIENDO ...

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  3. Ojalá podamos vivir a la altura de las circunstancias de lo que plantea este relato. Felicitaciones y saludos! María

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