martes, 2 de junio de 2009

Memorias de un Alfiler Mellado ( I y II )

Incursiono en un territorio poco conocido para mí, el de la narrativa...Espero sepan disculpar mis torpezas de novato, cualquier sugerencia y/o crítica serán muy bienvenidas!
Saludos, Dax.


I

Recuerdo haber sido un niño solitario, que insumía sus tardes, durante un año ya muy lejano, pedaleando en una vetusta bicicleta, casi siempre desinflada, que servía entonces de transporte al grupo familiar. No era un pasatiempo común el que tenía en ese entonces: no asistía a ningún club deportivo, no existía una colonia de vacaciones para él, nunca un metegol concurrido había sido su destino final en aquellos vespertinos paseos. No. Nada de eso. Aquel niño que recuerdo haber sido montaba su rodado y, sudando copioso en verano o con los dedos tintos en invierno, se preparaba para recorrer los dos kilómetros que lo separaban del cementerio local, su sitio de esparcimiento.

II

Cumplía un rito inexorable antes de emprender aquellas aventuras: aprovechando la siesta de la anciana que lo cuidaba por las tardes, se deslizaba sigiloso hasta su costurero, donde un veterano porta alfileres aún se mantenía erguido, antiguo erizo metálico que se resistía a ser jubilado dentro la Singer herrumbrada en el patio. Una vez que lograba despejar el erizo de hilos varios y trozos de elásticos gastados, lo colocaba sobre la mesa y comenzaba a contemplar minuciosamente sus alfileres espinas, deteniéndose casi de modo obsesivo en sus cabezas: quien se hubiese encargado de realizar las compras hogareñas, había conseguido unos singulares modelos, que en sus extremos ostentaban una pequeña gota de plástico coloreado, símil gota de ámbar artificial que en su interior guardaba como un secreto la empañadura de aquella minúscula daga. No elegía al azar, sistemáticamente antes de cada escapada elegía un color distinto: rojo-azul-amarillo-verde. Siempre la misma secuencia. Nunca en otro orden.Una vez elegido su eventual acompañante, guardaba el erizo tan silenciosamente como le era posible, y, cual anuncio de hervor, escapaba rápido y sibilante.

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