Somnolienta almohada que reposa en una mullida cabeza,
con una pereza que despereza placeres adormecidos,
diafragma que se abre para dejar escapar un resoplido de belleza,
me levanto luego de caerme en abismos entumecidos.
Abro los ojos, cerrada la mirada, entreabierta la vista.
Una liturgia desmañada que evitaría embelesado
para sumergirme plenamente arrobado
en otro insondable océano de sueños...
como siempre, como cada vez, este tejido de letras, me abriga el alma,
ResponderEliminarsuya, aurora.
Contento de haber llegado a tan hermoso lugar entonces....GRACIAS!
ResponderEliminar