Un temporal atemporal anega los campos yermos,
que exhalan el postrero hálito de vetustas cosechas.
Refucilo bravío ilumina la tormenta,
latifundios nunca vistos, tenue fragancia a menta.
El alba me sorprende, perplejo y consternado,
observando, confuso, el desarraigo inesperado.
Engarzadas en la tierra, nuevas vidas,
grácil gargantilla de radiantes gemas.
Y Cuando nuevas sendas se descubren,
pujo por olvidar los antiguos caminos,
que cual tozudo peregrino he recorrido,
sin hallar el lugar propicio,
donde orar por mi destino…