martes, 4 de enero de 2011

Sortilegio

Cansado y huraño, me araño,
intentando llegar a mi carozo,
libertad o calabozo,
solo cuando lo tenga entre palmas lo sabré.

Abrazo un vaso, cabizbajo,
maldiciendo el agua en reposo,
"de la majestuosidad del mar solo un pequeño esbozo"
pienso...
también, que para muestra basta un botón,
para pintar un pequeño lienzo,
que rotar el punto de vista,
puede ser un excelente comienzo.

Como una corchea huyendo de un rígido arpegio,
levanto la cabeza, sacudo los hombros,
y por la ventana abarrotada lanzo el atrapante sortilegio...
y, decidido, me convenzo que acierto al asertar,
que esa semilla escondida aún puede germinar.....

martes, 24 de noviembre de 2009

Dos Estaciones

Leyendo olvidado diario en el subte,
creyendo incrédulo ásperas noticias,
transformo informes estrofas en nuevas melodías.
Vibro mientras pasan estaciones y pasajeros.
Vibra el transporte mientras me lleva a lugares insólitos
en mi rutinaria recorrida sacada de contexto.
Con-texto y contento desciendo dos estaciones más allá de mi cordura.
Racional ya no me siento. Que bueno.
Me despierto como no pudo hacerlo el despertador.
Y la escalera que me retorna a la superficie parece sorprenderse,
mientras los pasos que la recorren no producen casi eco...

miércoles, 19 de agosto de 2009

Tempestad Arrítmica


Un temporal atemporal anega los campos yermos,
que exhalan el postrero hálito de vetustas cosechas.

Refucilo bravío ilumina la tormenta,
latifundios nunca vistos, tenue fragancia a menta.

El alba me sorprende, perplejo y consternado,
observando, confuso, el desarraigo inesperado.

Engarzadas en la tierra, nuevas vidas,
grácil gargantilla de radiantes gemas.

Y Cuando nuevas sendas se descubren,
pujo por olvidar los antiguos caminos,
que cual tozudo peregrino he recorrido,
sin hallar el lugar propicio,
donde orar por mi destino…

jueves, 23 de julio de 2009

Message in a Bottle


El río crispado borda sobre la costanera un irregular encaje de espuma marrón.Observo acodado en la baranda, ajeno al viento que se deleita alborotando mi cabello y al frío que insiste en recordarme que hoy salí poco abrigado. Aquellas aguas se ven muy sucias, desechos arrojados por inescrupulosos flotan por doquier, como los restos de un naufragio pestilente. Un frágil sol de invierno desciende por el horizonte, como si hubiese tomado una lenta escalera mecánica galáctica. Leve, un rayo del astro cansino rebota en un objeto que se mece en el río, y me encandila, convirtiéndome en uno de los vértices de un triángulo que intuyo no casual. Comienzo a descender hacia la orilla, la vista fija en aquel objeto que ha captado mi atención. No se me hace difícil hacerlo: como un extraño presagio, la botella (ahora logro distinguir su forma) flota lenta pero tenazmente hacia mí, envuelta en un aura de sino inmodificable. Un paso antes del margen del voluptuoso caudal de agua, me detengo.
La botella termina su nado entre mis pies, dócil. Durante incontables minutos me limito a observarla: de un verde profundo y forma alargada, me recuerda a un insólito tubo de dentífrico de vidrio. No aparenta ser de una bebida, su exigua capacidad no alcanzaría para llenar un vaso sospecho, mas bien semeja un antiguo recipiente de perfumes. La muevo despacio con la punta de la zapatilla y algo se agita en su interior. La curiosidad es grande, el temor por lo allí contenido también. Me agacho y vuelvo a moverla, esta vez con una oportuna ramita: logro distinguir lo que contiene, un trozo de papel raído y aparentemente seco. "Que lugar común para un relato" pienso, con una irónica sonrisa en los labios. Finalmente tomo la botella entre mis manos. Observo la herrumbrada tapa metálica, desanimado. "Imposible sacarla" es mi primer conclusión, mas al intentar girarla, un "pss" gaseoso y gracioso se escapa de ella, como un reo que ha descubierto el barrote falso. Inclino la botella y, no sin esfuerzo, logro asir un borde de aquel papel apergaminado y retirarlo luego de quién sabe cuanto tiempo de su coraza vítrea. Una singular aprehensión me invade: aquel trozo de hoja me buscó por algún motivo, y no hay modo en que pueda evitar leerlo. Lo despliego con los ojos cerrados, el corazón dando extraños vuelcos. Una única palabra se adivina casi imperceptible en su centro, un trazo grueso que distingo al pasar la yema del índice sobre la ajada superficie del papel. Me siento como un niño con miedo a la oscuridad, por lo que decido abrir ya los ojos, levantando la cabeza hacia el horizonte, pero despegar las pestañas me lleva un considerable esfuerzo de voluntad. Cuando mi vista se despeja por completo ( y me permite disfrutar de un breve escarceo entre dos pájaros lejanos) la dirijo al papel que sostengo en las manos rígidas...y leo. No sé que es lo que esperaba leer, pero la perplejidad que siento me indica que no es aquello justamente lo que aguardaba. En una desvaída tinta roja puedo leer "PAZ"...siento como la palabra me invade, un minúsculo ejército de letras que toma por asalto mis nervios y sofoca sin dolor su rebelión. Me siento, plácido, intentando idear qué hacer con aquel hallazgo. Palpo distraído mis bolsillos y, casualidad o causalidad mediante, siento el bulto firme de una lapicera. Un resplandor de luz invade mi cabeza, y me encandila como lo hiciera aquel rayo de sol indolente. Ya sé que hacer. Tomo la lapicera y sin vacilación escribo en el papel, una ráfaga de nueva tinta que se impregna tanto en el papel como en mi alma. Contemplo satisfecho el papel y lo vuelvo a colocar en la botella, la tapo y, rezando una mínima plegaria muda, la arrojo con fuerza hacia el río. Me quedo unos minutos, observando ensimismado su cabeceo asincrónico...
Doy la espalda al río y comienzo a caminar, mi destino cada vez más lejano al de aquella botella, feliz de haber recibido paz en este día, y más feliz aún, de haber devuelto un poco de "ESPERANZA" a quien fuera que recibiese aquel mensaje. El sol, como un barco herido, se hunde en el río, dedicándome una última palmada de calor en el hombro...

viernes, 3 de julio de 2009

Añoranza Marginal

(Vaya este un pequeño homenaje a un gran hombre, mi abuelo J.J.A.)

Oteando el cielo, por su lejanía ora,

Aprehendiendo su ausencia, una penosa droga .

Una tragedia que se desenvuelve gris un martes,

dejando el alma y el cuerpo en diversas partes.

Un desandar peregrino, bastón arrugado en palma nudosa,

añorando su sapiencia, sincera sonrisa esboza,

Sabiéndolo protector, desde el cielo, veterano ángel de la guarda,

Sintiendo su hombro alicaído, que aún una palmada suya aguarda…


jueves, 25 de junio de 2009

Anhelo Matutino

Somnolienta almohada que reposa en una mullida cabeza,

con una pereza que despereza placeres adormecidos,

diafragma que se abre para dejar escapar un resoplido de belleza,

me levanto luego de caerme en abismos entumecidos.

Abro los ojos, cerrada la mirada, entreabierta la vista.

Una liturgia desmañada que evitaría embelesado

para sumergirme plenamente arrobado

en otro insondable océano de sueños...

martes, 16 de junio de 2009

Memorias de un Alfiler Mellado V

V

Una vez más, trato de recordar cómo se había iniciado aquel pasatiempo (concurrir al cementerio), mas el esfuerzo es en vano. Hoy, reciclando la vieja Singer, pretendiendo transformarla en un mueble contemporáneo, encuentro aquel viejo alfiler mellado Intento hacerlo girar entre mis dedos como solía hacerlo antaño, pero mis manos actuales desbaratan el castillo y muestran sus trampas ocultas cual prestidigitador barato. Lo sopeso, pasándolo lenta pero meticulosamente de palma en palma.Su familiar tacto me retrotrae indefectiblemente a mi niñez, a esas tardes tibias y dulces como la leche con miel preparada por aquella anciana voluntariosa que me cuidaba. Observo el alfiler con atención, intentando captar cualquier ínfimo detalle que hubiese pasado por alto: su parte metálica se veía ligeramente herrumbrada, pero todavía se mantenía erecta, un pequeño mástil aguardando una bandera para ondear. En la cabeza del alfiler es en donde repetidamente poso mis ojos, la melladura atrae mi atención como una hoja en blanco a una pluma repleta de tinta.La bolilla semeja una manzana mordisqueada por un niño ansioso. En mi cabeza rebota un pensamiento que horas más tarde ha de tomar consistencia, y del cual brotan dudas sugerentes: nunca había tenido una remera roja; jamás hubiese adquirido un auto colorado; ni por asomo volví a ver a ninguna mujer que en su primera cita conmigo se hubiera presentado vestida de rojo...¿El suceso de aquella tarde perdida en el tiempo había generado en mí una inconsciente aversión hacia este color? Era muy probable. Acerco mis manos entrelazadas a mi cabeza y coloco la oreja entre los pulgares, como si quisiese escuchar el mar, tal cual me había enseñado de niño mi padre. Presto atención. Nada. Solo un pitido agudo proveniente de la casa vecina, entre mis manos, solo el silencio absoluto. "También....¿Qué pretendía escuchar? ¿La Sinfónica de Londres?" pienso y río para mí, sarcástico, aunque también aliviado en cierta medida de no haber oído sonido alguno. De algún modo también me siento decepcionado, así que decido hacer un último intento. Respiro profundo, ahueco una vez más las manos sobre el alfiler y comienzo a sacudirlo entre las palmas, concentrándome profundo en tratar de aprehender aquel suceso lejano, como quien se prepara para arrojar las monedas del I Ching en busca de una imagen reveladora. Luego de agitarlo un buen rato, decido que ya es suficiente: acerco una vez más las manos a mi oreja derecha, y me dispongo a escuchar la nada absoluta nuevamente...es entonces cuando sucede lo impensado (aunque en algún lugar muy profundo dentro mío, hay un niño que asiente como diciendo "sí vos sabías......"), primero un sutil ardor que comienzo a sentir en la palma, un pequeño estremecimiento de los nervios, que brota del pequeño nido que forman mis manos entrelazadas y comienza a propagarse raudo por el resto del cuerpo; mis oídos captan, primero casi imperceptible, luego in crescendo, un murmullo de palabras arremolinadas, una ligera brisa que de golpe se transforma en vendaval, y me arroja al oído dos palabras…..”ESTAS VIVO”……solo dos palabras, que penetran en mi mente y destellan como un volcán en erupción, solo dos palabras en un crepitante susurro que parecen increpar a mi vitalidad, enrostrándole su vigor…

No me percato de tener los ojos firmemente cerrados hasta que concluye aquella pequeña tormenta…cuando los abro, noto dos cosas que me sobresaltan: por un lado, me encuentro casi en el patio de la casa y está atardeciendo, cuando al comenzar aquel fenómeno a escala estaba trabajando en la habitación principal de la casa y el sol brillaba alto en el cielo (Por Dios….¿Cómo podía haber sucedido aquello?) ; por otro lado, noto que de mis manos caen pequeñas gotas de sangre…Siento temor de abrirlas. “Que ridículo”, me digo, tratando de sonreír, sin lograrlo. Me siento, inspiro profundamente y desenlazo los dedos, predispuesto a descubrir cualquier cosa en mis palmas……No hay nada en ellas. Las contemplo absorto. Las gotas se secan lentamente, no obstante no logro descubrir de donde es que ha manado la sangre, no hay en ellas ningún corte….ni tampoco ningún alfiler. Busco afanosamente en los alrededores, voy una y otra vez por el trayecto recorrido sin conciencia aparente, obsesionado con encontrar aquella diminuta prueba del sismo acontecido en mi existencia...mas es inútil. No volveré a ver aquel alfiler en mi vida. Sin embargo, en la palma de mi mano vuelve a aparecer, como una cicatriz mal curada, la marca que alguna vez tuve de niño. Insoslayable, me acompañará por el resto de mis días…y cada vez que la desazón me envuelva, o que la desesperanza me agobie por algún motivo, la contemplaré durante un rato…..y ese “estás vivo” volverá a retumbar en mis sienes, pronunciado por una voz sin edad y sin tono, como un recordatorio de que a veces la vida se encuentra presente aún en las cosas más minúsculas, quizás hasta en un insignificante alfiler mellado…